Tramonta el insomnio

Mauricio Coronel Guzmán

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Los libros depuran la locura

Las tortugas de ciudad, y específicamente las que viven en departamento, son afortunadas si pueden acceder a un poco de luz natural al día. El Sol es su Dorado. Pero para permitirse un baño de sol no depende de ellas, ¿qué puede hacer una tortuga de ciudad para procurarse algo? Casi lo mismo pasa cuando en el lado marginal de la cadena socio-económica en México se intenta hacer algo. Desde la fuerza, todo se controla, o casi. En diez años, el libro más importante que he leído es La ciencia como calamidad, tanto por la parte de divulgación como por el humor. ¿Qué vale la pena si no lleva por lo menos un velo de ingenio?  

Admito que en los últimos 10 años no he leído lo que debiera. No pasaría nada si no fuese mi intensión llevar una vida de escritor. Si bien, en ese tiempo escribí Huerto negro, bajo la influencia de mis recientes lecturas, no he leído lo suficiente. Claro, tampoco debo dejar de señalar que con el periodismo entré a un mundo nuevo y que con el tema de las telecomunicaciones se abrieron otras posibilidades insospechadas. Para que una tortuga tenga una hora de sol a la semana necesita suerte, lo mismo pasa para encontrarse un buen libro, y lo mismo para darle vuelta al condicionamiento.

Dice Marcelino Cereijido que el propósito de su libro (La ciencia como calamidad) es demostrar que la razón (y sus usos) han sido un logro trascendente en la historia del pensamiento. Y, nada, que no descubre el hilo negro, simplemente cita a Descartes y nos recuerda las ventajas de utilizar el razonamiento, exponer diversas teorías y luego ir a la realidad para confrontarlas. En realidad no hago nada para que las tortugas tengan un poco de Sol, ¡quién sería yo! Me gustaría que las tortugas que viven conmigo disfrutaran más de una hora a la semana de los rayos del sol. Dice una veterinaria de la UNAM que aunque sea poco les cae muy bien incluso mejor que la comida. Eso me pone bien y a ellas pues qué les digo. Enfrentarnos a la realidad es otra cosa.

¿Cómo le hacemos los mexicanos para vivir ignorando la dramática realidad de uno y cientos de niños en la calle, en el metro, por todos lados que trabajan o piden un peso? Ahí no hay suerte que valga, y ya que cito a Cereijido, hay una hijoputez cabrona que nos domina a todos. Borges la incluiría en la historia universal de la infamia, digo para ser más refinado. Pero la cosa, es que esa realidad está ahí y nadie hace nada, empezando por mí. Y sí, no me importa pero el homenaje a Octavio Paz me resulta indiferente. Hay una especie de determinismo que apesta.

Pero como en todo lo bueno, los matices, las contradicciones y el balance entre fondo y forma dan una perspectiva más abierta, menos rústica. Pienso en el Paz que recibió en 1984 el premio de los libreros alemanes y luego, en 1990 el Nobel. No es mi intención sintetizar en unas líneas lo que un estudio serio implicaría una tesis pero esas dos décadas, la ochenta y noventa, se llevaron al carajo lo que podía ser la transformación de México. Sí, esa misma que ahora se anuncia con pompa.

No es Paz, soy yo, y con lo siguiente cierro: no me importa un carajo su homenaje. No me importa un carajo sus premios y como eso “llevó en alto el nombre de México”. Pienso, si, en como los libros nos echan a perder. Coincido con Cereijido en que las formas de adiestramiento inician cuando renunciamos a pensar, digo a intentarlo por lo menos. Con suerte y sin suerte.

Domingo 30 de marzo, 2014.

http://tortuspeques.wix.com/tortusweb

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Concepción Company
Identidad/ Lengua

"Cuidar la lengua es cuidar nuestra identidad", Concepción Company Company durante el homenaje a la RAE en México.

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Ernesto
Un día

Ernesto, el contador de historias, nos deleita con esta divertida anécdota.

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Falsa imagen

Vértigo de la ciudad morena bajo

el puente peatonal, los senos de rizo

rubio beben olvido. Huyes, sucio, dentado

a la tarde que busca un sitial.

Yo quería lo que nunca fue. Inmóvil,

la imagen barre los cabellos en la ribera

sin defensa. Pienso, a los sótanos lentos

de la memoria le sobra el hastío difunto.

Por las cañerías, turbias obsesiones regresan 

su imagen. Ausencia frágil, signo insepulto

hubieras visto el oleaje de espuma

negro perro débil, ja.

Mauricio Coronel Guzmán

Febrero, 2014.

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Viaje en el metro dormido entre agujas de un vendedor de piratas

Voy por la cornisa de espuma como animal de presa con los labios ensangrentados. El último vagón en avidez de sierpe se desplaza en silencio. La ciudad me devora de una sola bocanada, ni mis dentelles bastan para salvar mi alma en pena. El sacristán del Infierno, el Caronte del metro, igual nos llevará a todos al vacío. Arados subterráneos, antemuros de artificio, son mi disfraz de asfixia y triste burla que rasga sin encontrarse, ni morir de una vez por todas.

En éxtasis de lágrimas, banderas voraces nos arrancan la nacionalidad y en solitario fundamos la patria virtual de los arlequines en celo que viajan en el metro. Fiebre sonámbula, sentadito en la hornaza espero la multiplicación de los colores de ebria transparencia en la tarde gorjeante de mármol naranja. Nada, nada y nada hasta llegar a la otra orilla donde no hay nada. En zigzag, a través de un túnel de cristal, procurando no romper nada voy por la vida en soberbia contenida hasta que pum, despierto.

Mauricio Coronel, febrero 2014.

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Periodista
Lydia Cacho

Juan Villoro comenta acerca del trabajo periodístico de Lydia Cacho durante la entrega del reconocimiento de la Legión de Honor que le entregó la república francesa en abril de 2013.

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Y, no hubo tiempo, el Bayern cayó en su casa ante unos aburridos pero efectivos Blues.

Y, no hubo tiempo, el Bayern cayó en su casa ante unos aburridos pero efectivos Blues.

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Cuadro 1

tramontaelinsomnio:

Abierta la ventana virtual / una bailarina brasileña contonea la silueta afrutada / como licor de bajo precio, el internet es un manubrio impetuoso / Una embriaguez así provoca cruda sintética con remordimientos de piélago sin remanso.   

Octubre, 2013.

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